Los padres tienen el derecho de elegir libremente las escuelas u otros medios necesarios para educar a sus hijos según sus conciencias. Carta de los derechos de la familia, del Pontificio Consejo para la Familia,5 (22-X-1983)

lunes, 27 de abril de 2009

Santos que han sido educados en casa


Más abajo os hablaba de educadores en casa santos, como Santo Tomás Moro, o la beata Alicia de Montbar, madre de San Bernardo, al que educó en casa junto a sus hermanos, todos santos o beatos, San Juan Crisóstomo, educado por su madre, o Santa Teresita de Lisieux, que no fue al colegio hasta ser mayorcita. Y hay más.

San Isidoro
Arzobispo de Sevilla
(año 636)



Nació en Sevilla en el año 556. Era el menor de cuatro hermanos, todos los cuales fueron santos y tres de ellos obispos. San Leandro, San Fulgencio y Santa Florentina se llamaron sus hermanos.

Su hermano mayor, San Leandro, que era obispo de Sevilla, se encargó de su educación obteniendo que Isidoro adquiriera el hábito o costumbre de dedicar mucho tiempo a estudiar y leer, lo cual le fue de gran provecho para toda la vida.

Al morir Leandro, lo reemplazó Isidoro como obispo de Sevilla, y duró 38 años ejerciendo aquel cargo, con gran brillo y notables éxitos.

Isidoro fue el obispo más sabio de su tiempo en España. Su influencia fue muy grande en toda Europa y especialísimamente en España, y su ejemplo llevó a muchos a dedicar sus tiempos libres al estudio y a las buenas lecturas.

Se preocupaba mucho por que el clero fuera muy bien instruido y para eso se esforzó porque en cada diócesis hubiera un colegio para preparar a los futuros sacerdotes, lo cual fue como una preparación a los seminarios que siglos más tarde se iban a fundar en todas partes.

Dice San Ildefonso que "la facilidad de palabra era tan admirable en San Isidoro, que las multitudes acudían de todas partes a escucharle y todos quedaban maravillados de su sabiduría y del gran bien que se obtenía al oír sus enseñanzas".

Su amor a los pobres era inmenso, y como sus limosnas eran tan generosas, su palacio se veía continuamente visitado por gentes necesitadas que llegaban a pedir y recibir ayudas. De todas las ciencias la que más le agradaba y más recomendaba era el estudio de la Sagrada Biblia, y escribió unos comentarios acerca de cada uno de los libros de la S. Biblia.

La Santa Sede de Roma lo declaró "Doctor de la Iglesia". (podéis leer más en la web de EWTN en español, de donde lo he sacado).







“La oración nos purifica, la lectura nos instruye. Ambos son buenos cuando ambos son posibles. Si no, la oración es mejor que la lectura. Si un hombre quiere estar siempre en la compañía de Dios, debe rezar regularmente y leer regularmente. Cuando oramos, hablamos a Dios; cuando leemos, Dios nos habla.

“Todo crecimiento espiritual viene de la lectura y la reflexión. Por la lectura aprendemos lo que no sabíamos; por la reflexión retenemos lo que aprendemos. Leer las Sagradas Escrituras concede dos beneficios: entrena la mente a comprenderlas; vuelve la atención del hombre de la necedad del mundo y lleva al amor de Dios.

“El lector concienzudo se preocupará más de llevar a cabo lo que lee que de simplemente adquirir conocimiento. […]el aprendizaje que no está apoyado por la gracia puede entrar por nuestras orejas; nunca llega al corazón.” (Libro de las máximas)

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